En defensa de un conocimiento circular

 

¿Te ha injuriado en algo Protágoras?

El se echó a reír y me dijo:

– ¡Por los dioses! Pues claro que sí, Sócrates; 

porque se guarda su ciencia para sí solo en lugar de hacerme partícipe de ella.”

Platón, Protágoras 310c

Las siguientes palabras tienen por finalidad realizar una crítica contra el sistema tradicional de licenciar el conocimiento y en lugar de él, proponer una forma distinta de entender y establecer el conocimiento; conversándolo, compartiéndolo, difundiéndolo; antítesis de la imagen “romántica” del científico trabajando solo en su laboratorio, elaborando su conocimiento individual (entiéndase ello por el carácter de su proceso), dependiendo únicamente de su genialidad e imponiendo su creación debido a su “calidad” e impacto social.

Proponemos un entierro de esta imagen “romántica”, pues el sistema neo-liberal actual, (donde se establece el conocimiento) se articula y opera en función del mercado , que es el que orienta directamente todo el desenvolvimiento de las nuevas tecnologías. De esta forma, la ciencia en tanto generadora de tecnología (y conocimiento) sirve como gran motor para desarrollo económico1, es decir, movilidad del capital.
Este sistema se centra en la privatización de las instancias (intelectuales, académicas, teóricas, productivas, etc) por la concepción (“verdadera” o no) de una mayor eficiencia y productividad; quedando atrás aquella etapa “estatal-dependiente” del desarrollo informático 2, basado principalmente en el beneficio del Estadopais. El “romántico científico” es finalmente miembro de un sistema mucho más amplio, que utiliza y potencia sus propias creaciones en función de intereses económicos ajenos a su accionar.

Así, el conocimiento, los derechos de marca, la geografía, los nombres, los productos e incluso la biodiversidad pasan a ser derechos monopólicos de “algunos pocos” debido a las facultades que les otorga la “propiedad intelectual”3. Por esto, tanto las personas como las compañías (sean de software, electrónica, hasta autoría en artes) libran batallas en torno a estos derechos4.
Si bien, muchas son las historias acerca de las falencias de este sistema, como de hombres que han privatizado la luna o las estrellas, o que venden artículos imaginarios por internet. El tema central aquí es la limitación que produce éste tipo de articulación para el crecimiento de las ideas, y del conocimiento en general, como la limitación de las creaciones (en tanto limites a la divergencia) y como proceso de control a los “productos” derivados del conocimiento privatizado. 5

Platón nos advertía ya, en la antigua Grecia, que el logos se alcanza por la vía del diálogo, de ahí que use la dialéctica para oponer dos discursos racionales y así llegar a la “Verdad”. Por eso en aquella época se paseaba por la polis conversando, descubriendo, reflexionando…conociendo. Pero el tipo de sistema en el que nos encontramos pareciera actuar de forma contraria a lo que planteaba Platón, porque divide el conocimiento, lo fragmenta (en palabras de Edgar Morin) y separa los territorios entre lo que tú estudias y lo que yo estudio, “lo que tú puedes intentar, y lo que yo tengo reservado”. Tenemos un ejemplo a la mano: el lucro que realiza la APA a través de la normalización de las instancias psicológicas. Así, debemos comprar sus manuales para saber cómo referir en nuestros propios trabajos, o pagar las licencias para revisar el material patentados por ellos (y por todas las bases de datos) para darle sustento a nuestras ideas. ¿No limitará esta modalidad el conocimiento?, ¿y aquellos que tienen ideas pero no el dinero o las oportunidades para acceder al pago de patentes?.

Quizá esto no parezca tan polémico a primera vista, pero es distinto si analizamos el impacto que tiene este sistema de establecimiento del conocimiento en las personas. Por ejemplo, la industria farmacéutica no está interesada en lograr la cura contra las enfermedades infecciosas de los países pobres, porque estos no tienen el poder adquisitivo para poder costearlas6. Así, entre 1972 y 1997, cerca de 1.450 nuevas drogas fueron comercializadas. Pero, de ellas, sólo trece eran para tratar enfermedades tropicales transmisibles y consideradas como esenciales según el modelo de la Organización Mundial de la Salud. Pero dos de esas trece eran versiones actualizadas de otras ya existentes, dos eran resultado de investigación militar, cinco fueron resultado de investigaciones veterinarias, una derivaba de la farmoscopía China. De manera que sólo tres pueden ser consideradas como genuinos productos de investigación y desarrollo de las compañías farmacéuticas occidentales7. Por esto, podemos plantear que las farmacéuticas o laboratorios privados que remuneran a sus científicos para que descubran la cura para “x” enfermedad o patología, no está esmerándose por salvar la vida de miles de personas, sino que está esperando poder patentar la licencia de dicha cura para poder lucrar con la enfermedad de esos miles8.

Cabe preguntarse entonces ¿Cuántos avances se habrán hecho de formas separadas y privadas por los distintos laboratorios que se mantienen en secreto, esperando que la competencia no las descubra?, ¿y si las cosas fueran distintas?, ¿y si los descubrimientos que se alcanzasen se compartieran con las demás instituciones en la búsqueda por lograr alcanzar el conocimiento como tal, y no para patentar la solución?, ¿es posible algo así?, es decir, ¿compartir por el conocimiento para lograr su complejidad exponencial, y no luchar por él?.

Quizá sea posible algún sistema en donde el conocimiento transitase de forma circular, de boca en boca, de persona a persona, de pensamiento en pensamiento. Quizá podamos acercarnos a lo que Platón planteó en algún momento en las antiguas polis. Mientras tanto existen herramientas accesibles que se erigen como una alternativa a la plataforma tradicional, tal es el caso de los Ceative Commons (CC). Este es un proyecto iniciado por Lawrence Lessig, profesor de derecho en la Universidad de Stanford en Estados Unidos, quien propone un sistema en donde el objetivo principal es que se puedan fortalecer a creadores y creadoras, quienes serán ellos mismo los que definirán los términos en que sus obras podrán ser usadas, qué derechos desean entregar y en qué condiciones lo harán. No se trata tampoco de que otros puedan lucrar con el trabajo de uno sino que, bajo términos legales, se pueda compartir y difundir la propia creación para que otros puedan también crear en base a ella. Fomentar la divergencia.9

La creación en base a otra creación es una imagen que se puede comparar con la representación de un fractal. Así, la posibilidad de levantarse sobre la innovación de otro y volver a innovar conlleva, teóricamente, a posibilidades ilimitadas de creatividad. En donde (en términos idílicos) el conocimiento avance a condiciones inimaginables e inconcebibles, por cuanto nos limitamos actualmente. ¿Cómo funcionaria un sistema así en la ciencia?, en donde la difusión no esté restringida a ciertas revisas académicas o bases de datos patentadas, sino que a través de alguna plataforma, el conocimiento estuviera disponible todo, para todos, incluso para personas “no científicas” (no olvidemos que el sentido común es parte fundamental del conocimiento científico). De hecho, a lo largo de la historia la cultura siempre se basó en creaciones anteriores. Einstein no podría haber “descubierto” el Efecto Fotoeléctrico sin los planteamientos de Planck sobre los Fotones. Ni Skinner podría haber dado cuenta de las formas de Condicionamiento Operante sin que Watson hubiese planteado el Conductismo.10 Nos oponemos entonces, a la tesis Weberiana, en la cual la actitud vanidosa del científico es inocua a su trabajo profesional.11. Porque las implicancias son mucho más grandes de las que se atestiguan aquí y ahora12

Por ello, lo que proponemos es aceptar dicho proceso como posibilitador de la emergencia científica en sí, y asumir que la creación de conocimientos está determinada por las condiciones sociales e históricas, donde los métodos y metodologías están impuestas desde un a priori legitimador13. Y actuar en forma retributiva devolviendo conocimiento y posibilitando, bajo un sistema circular, más conocimiento sobre el mismo. Dejándose de lado entonces, el “elitismo científico”14 que juega las veces de clasismo y acentuador de las diferencias socioeconómicas, permitiendo que cualquier tenga acceso a nuestros textos, presentados estos como plataformas para otros y no como minas de oro.

Por eso este ensayo está escrito de a dos; por eso es fundamental comentar investigaciones y debatir el conocimiento; por eso este ensayo está escrito aquí. Por eso te invitamos a dejar la postura “privativa”, buscadora de “novels” y felicitaciones. Y optar por fin, por la riqueza del conocimiento en sí (y de su sociedad), y no por la riqueza del científico y su ego-ísmo.

1 Schoijet, M .(1979). Cencia, tecnología y capitalismo dependiente.

2 Katz, C. (2000). Mercantilización y socialización de la información y del conocimiento.

3 Amendola, C. (2003). Los nuevos caminos que conducen a la privatización de la biodiversidad.

4 Katz, C. (2000). Mercantilización y socialización de la información y del conocimiento.

5 Villareal, V. Helfrich, S, Calvillo, A. (2005). ¿Un mundo patentado?. La privatización de la vida y del conocimiento.

6 Folodari, G.(2003) La Privatización de la Salud

7 Trouiller, R, Battistella, J. Pinely B. Pecoul (1999), “Is orphan dmg status beneficial to tropical disease control? Comparison of the American and future European orphan drug acts”.

8 Esto no es necesariamente así, se trata de una sátira. Pero de todas formas las líneas de investigación están privatizadas, y los futuros resultados que se alcancen serán también patentados por dichas instituciones, esperando lucrar con sus resultados.

9 Para mayor información, referirse a la página web, disponible en nuestro país: http://www.creativecommons.cl

10 Respecto a este tema, se le recomienda al lector el documental “ RIP: A Remix Manifesto”. Trata de un estilo de música basado en extractos de múltiples canciones, logrando una canción completamente distinta. Tema muy similar a lo que planteamos, la creación de algo original y completamente novedoso, basado en la creación de otros.

11 Weber, M. (s/f). El político y el científico. Universidad Nacional de General San Martín.

12 Respecto a esto, cabe destacar un intento por parte de CC para elaborar un Science Commons, una plataforma en donde los recursos, la información, herramientas y estrategias estén disponibles desde científicos para científicos. Lo que tendría un impacto directamente social.

13 Esta idea se asemeja a lo que plantea Maturana respecto al sistema social. Maturana, H. (2004). Transformación en la convivencia.

14 O “guetto académico” en Schoijet, M .(1979). Ciencia, tecnología y capitalismo dependiente.

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