Revista número 4: Editorial

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No es sencillo construir una revista

Hace aproximadamente un año estábamos en proceso de concepción de lo que sería el primer número de la revista Psicotopicos, aún sin mucha seguridad de los efectos que generaría realmente nuestro trabajo, quizás demasiado imbuidos de expectativas y fantasías respecto a lo que sería construir una revista estudiantil. Este es ya el cuarto número, y tenemos ahora cierta cuota de principio de realidad, hemos tenido la oportunidad de vivir diferentes situaciones respecto a la revista: por una parte la gratificación de ver ya dos veces la existencia concreta de nuestro trabajo en formato físico, situación que trajo consigo una sensación de satisfacción por el buen trabajo logrado, y que permitió tanto a la obra de los articulistas como a los miembros del equipo de la revista cierto grado de reconocimiento respecto a su propia obra como frente a compañeros y profesores; por otra parte, no ha sido sencillo entrar en contacto con los esperados escritores, descubrimiento decepcionante considerando la cantidad de gente que estudia en nuestra facultad, y la cantidad de trabajos y ensayos que se producen cada semestre en variados cursos de la carrera, muchos de ellos son notables y absolutamente dignos de ser compartidos.

Sin embargo, en este número si bien no hubo una avalancha masiva de textos en nuestro correo[1], recibimos los suficientes como para la conformación de la revista, todos de una alta calidad y de una amplia heterogeneidad temática. Para nuestra grata sorpresa, estos artículos llegaron prácticamente solos, hubo poca necesidad de intervenir para motivar su producción: han nacido como un espontáneo fruto las motivaciones propias de los articulistas.

Una breve digresión…

Desde que comenzó la elaboración de ésta revista a hasta esta fecha han ocurrido sucesos impactantes, el movimiento estudiantil recobró fuerzas, y, las fuerzas policiales, el brazo armado del Estado, recrudecieron su histórica y tan característica brutalidad, llegando a culminar su violencia en el uso de balines “como medida disuasiva”. Producto de ésta ingeniosa medida de dispersión una compañera de nuestra facultad fue agredida cerca del ojo al manifestarse por un cambio en la educación chilena. Ella no es la única, y existe cierta sensación de que ésto no va detenerse si es que la ciudadanía[2] no interviene de forma determinante. Esta situación tiene una lectura paradójica si es que uno desea ver las cosas con ojos ingenuos: ¿Por qué aquellos que tienen por mandato a proteger a la ciudadanía, se dedican a violentar a los manifestantes ciudadanos como si fueran los más despreciables enemigos de la sociedad? Habría que recordar que en muchos de esos países que se categorizan a sí mismos como desarrollados este tipo de medidas, han sido retiradas por ser en extremo perjudiciales.

 Por otro lado, el espectáculo de agresión toma matices trágicos y siniestros si es que uno mira con un poco de sospecha las intenciones finales que motivan las medidas a través de las cuales se maneja el poder o se toman las decisiones en Chile, ¿Es que acaso, exigir una reestructuración en un sistema educativo incapaz y reproductor de la injusticia de clases, es un acto ilícito al extremo de merecer castigo? Esta experiencia sólo podría adjetivarse de violenta, sádica, digna de algún totalitarismo de mediados del siglo XX… y es sorprendente que sea así, considerando que esos totalitarismos actualmente parecen ser el polo opuesto al discurso liberal-democrático…y desde una mirada histórica más amplia, es curioso porque van al menos unos cinco siglos desde el comienzo de ese peculiar proyecto llamado modernidad, apuesta que en algún momento prometió con tono solemne garantizar bienestar, libertad, justicia, seguridad, etc. Michel Foucault propone la interrogación por la clave de la subjetivación al preguntar algo parecido a  “¿cómo hemos llegado a ser lo que somos?”[3] Es esa una pregunta por esa historia que nos constituye, y que de alguna manera en su movimiento nos ha llevado a donde estamos ahora, en este caso, una pregunta de cómo la modernidad y esa fiel creencia en la razón nos ha llevado al lugar en donde estamos, a través de que discursos llegamos a ésto[4].

Por otro lado nuestra realidad nacional, tan poco austera en cuanto espectáculos de violencia nos entregó el horrorífico y surrealista caso de la secta de Antares de la Luz, experiencia que nos vuelve a recordar en tanto estudiantes de psicología que hay algo absolutamente intrigante, misterioso y caótico en la vivencia humana, algo esencialmente perturbador, inquietante e inasible en el lazo que existe entre los sujetos en tanto semejantes, como entre los sujetos consigo mismos ¿cómo alguien puede convencerse a sí mismo de estar salvando a la humanidad de una catástrofe de dimensiones existenciales al asesinar a un bebé? y ¿cómo semejante doctrina pudo tener seguidores tan fervientemente enajenados de su juicio? Algo realmente desafiante para nuestras categorías comprensivas y nuestras técnicas. Este tipo de situaciones nos podrían recordar que aún llevamos un avance bastante modesto en nuestro “entendimiento” de eso que llaman el Sujeto. Quizás este tipo de eventos nos recuerdan que en todo psiquismo pueden operar fuerzas que pueden llevar a los sujetos a transmutar en criaturas acéfalas e inusitadamente destructivas. No es sencillo llegar a ese estado de Conciencia cuando hay modos funcionamientos y discursos tan poderosas en la dirección de producir subjetividades que se caracterizarían por vivir desde una adaptación enajenada y una entrega más o menos sumisa a un circuito de ideales de felicidad artificialmente construidos y de medios para conseguir gratificación aún más agujereantes, todos atravesados por una verdadera tecnología dedicada a la reproducción de un poder cada vez más inaprehensible y donde es más difícil hallar sentidos, tanto a nivel individual y colectivo. Por eso se puede decir con plena seguridad que hay enormes desafíos por delante, enormes desafíos contra el sufrimiento individual y colectivo, desafíos en la dirección de nuevas fuerzas liberadoras, en la búsqueda de los nuevos confines de la transformación: de nosotros mismos y de eso que llamamos sociedad.

De vuelta a lo nuestro

Volviendo a la revista, sería deseable que el proceso de producción dejase de presentarse de manera tan lenta, ya que a veces al trabajar elaborando discursos más o menos rigurosos se pierde la posibilidad de revisar con cuidado algunos sucesos de la contingencia, que merecen por sumo, su propio derecho a análisis. Sin embargo, esta lentitud en este caso implica que esta elaboración no es nada precaria. Los artículos que han conformado este número destacan por su calidad, por la sagacidad de sus autores y por la solidez de sus formulaciones, aportando la riqueza que entrega  la variedad de perspectivas.

El artículo titulado Feeling Blue nos presenta las reflexiones de la experiencia de una compañera en una escuela norteamericana, poniendo en juego un contraste respecto de las disposiciones materiales con algunas consideraciones críticas propias del campo de la vivencia subjetiva, presentando la interacción como producto de una suerte de ideología propia de los vicios estructurales del sistema escolar estadounidense, del lugar del niño latino inmigrante y en torno a esta reflexión la autora hace aparecer como reflejo de esta situación la realidad deficitaria propia del sistema escolar chileno.

En el siguiente artículo, que lleva por título Algunas reflexiones éticas y teóricas sobre los Test psicológicos el escritor nos entrega una pormenorizada crítica de la función de los test psicológicos y el uso que se les ha dado en el campo clínico, nos aporta a través de ciertas puntualizaciones de nivel teórico complejas relaciones entre la dimensión de la clínica individual y la estructura social, relación fundamental que determina el lugar de un sujeto dentro de la sociedad, las posibilidades de su sufrimiento, y las grietas que permitan un camino a la liberación o cura, o como quiera llamársele .

En el artículo titulado Repensar la pobreza y las ayudas al desarrollo desde la economía de la conducta  se busca desde la más cuidadosa lectura, retomar y reelaborar la clásica aproximación  teórica que pone en el centro de sus formulaciones el lugar de la conducta, buscando a través de sus propuestas, entender la insistencia de la pobreza al cruzar los avances de la  economía experimental con el enfoque conductual que sería el punto medular de un análisis integral del sujeto decisor al momento de evaluar políticas públicas efectivas, priorizando la importancia de la evidencia empírica para entender los fenómenos de la pobreza y de su reproducción, con el objetivo de proponer medidas concretas de cambio, superando las políticas de “soluciones parche”.

Finalmente en el artículo titulado Lacan y el mal entendido, el autor nos entrega sus argumentos en torno a una revalorización de la figura de este mítico y enigmático autor francés que lleva por sello propio la complejidad de sus postulados y el hermetismo de sus formulaciones teoricas. Es sabido que su nombre genera poderosas resistencias en el estudiantado, pero por otra parte algunos escuchan en su enseñanza una invitación a una nueva búsqueda: la posibilidad de mirar al clásico sujeto del psicoanálisis desde giros subversivos respecto de su propio centro, lecturas que implican un ritual y una disciplina particular para aproximarse a una lectura provechosa.

A modo de conclusión, sería interesante indicar lo revelador de la imagen de la portada, por una parte, el monumento pétreo de Diego Portales, figura histórica reconocida por ser ministro de la república, y por ser el estandarte de las fuerzas conservadoras de su momento, por otra parte, una manifestación social nacida desde una ciudadanía organizada.
Diego Portales es conocido por despreciar al “vulgo”, al que según su opinión se le debía aplicar una dura ley, ya que el pueblo carece de virtudes y abunda en rasgos viciosos. Quiero destacar que el político y comerciante[5], representante y protector de los intereses de la clase burguesa fue figura de absoluta admiración para su seguidor más radical: Augusto Pinochet. No deberá causarnos sorpresas entonces que esta Universidad adoptase su nombre en años de dictadura. Sin embargo la imagen de la marcha convocada a propósito de los heridos de la represión policial con los balines muestra como la apropiación efectiva de parte de los estudiantes y del resto de la comunidad, a nivel concreto y simbólico puede subvertir a éstos íconos de un poder petrificado. De modo que el parche en el ojo de la estatua de Diego Portales podría significar una sátira, o la reescritura de los símbolos  desde una nueva generación desafiante.

Sería interesante pensar en que la Universidad un día pudiese renegar de la figura de Diego Portales, “negar el nombre del padre”, fantasma que de una forma simbólica hace aparecer el sello de su mandato en nuestra institución, como una sombra siempre presente al estilo del mito de la horda primitiva formulada por Freud en Totem y Tabú: un padre despótico y autoritario, un padre al que sólo se puede desafiar transformando su lógica, en el mito freudiano eso significó crear una nueva alianza entre hermanos: nadie esperó volver a encarnar el lugar del padre de la horda, sino que todos juntos transformaron su legado, creando algo completamente nuevo. Así mismo me parece importante volver a preguntarnos qué nos entrega la imagen de Portales, ¿Es ese el nombre, el legado con el que queremos continuar? Esa es una pregunta abierta. Quizás tengamos la oportunidad de escribir una nueva historia ¿Seremos capaces de tomar la palabra?


[1] el correo para los interesados y las interesadas es revistapsicotopicos@gmail.com

[2] Cabría preguntarse si conviene hablar de Ciudadanía, debido a las diferencias entre el concepto de Ciudadanía y el de Pueblo. Es curioso que éste segundo discurso, el de Pueblo  haya quedado tan desplazado frente a la noción de Ciudadanía, que muy sintéticamente siempre privilegiará como sujeto político al individuo, por sobre las colectividades. Es una discusión por retomar en otro momento.

[3] Foucault, M (1983), El sujeto y el poder. Disponible para descarga en:
.http://www.philosophia.cl/biblioteca/Foucault/El%20sujeto%20y%20el%20poder.pdf

[4] Esta pregunta no tiene necesariamente una intención de compartir una actitud pesimista, pues el motivo que mueve una perspectiva histórica es la asunción de la transformación como elemento constitutivo de la vivencia humana, y por consecuencia esta en el fundamento de lo humano la posibilidad de un devenir diferente, de una reelaboración novedosa de la historia.

[5] Político y comerciante, ¿curiosa combinación, no?

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