Transferencia, hipnotismo y sugestión en la obra freudiana

 

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“El lego hallará difícil concebir que unas perturbaciones patológicas del cuerpo y del alma puedan eliminarse mediante «meras» palabras del médico. Pensará que se lo está alentando a creer en ensalmos. Y no andará tan equivocado; las palabras de nuestro hablar cotidiano no son otra cosa que unos ensalmos desvaídos. Pero será preciso emprender un largo rodeo para hacer comprensible el modo en que la ciencia consigue devolver a la palabra una parte, siquiera, de su prístino poder ensalmador.” (Freud, p.115, 1890)

“Al no estar reconocida la transferencia funcionó como obstáculo al tratamiento. Una vez reconocida se convierte en su mejor apoyo” (Lacan, p.407, 1954)

Uno de los conceptos claves para la elaboración de lo que fue la obra freudiana tanto en el terreno teórico como en su correspondiente correlato en la técnica clínica es el concepto de transferencia. Freud declaró que ésta sería principal herramienta para la cura psicoanalítica (1922), sin embargo, antes de llegar al concepto de transferencia y fundar lo que conocemos como psicoanálisis, Freud en su peregrinaje teórico más temprano deambuló primero por otros rumbos en busca de una técnica terapéutica, se relacionó muy cercanamente con dos conceptos pensados por la psiquiatría de su época y que con el tiempo darán lugar a la elaboración de lo que será el concepto de transferencia, estos dos conceptos antes señalados corresponden respectivamente a hipnotismo y sugestión. Freud muestra desde un comienzo (1890) la convicción que le mueve a pensar en una “terapéutica del alma”, señalando las conexiones directas que se establecen entre el cuerpo y el psiquismo, y cómo la palabras que transitan en el encuentro/desencuentro humano pueden trastocar los significados que anudan los síntomas, develando como la palabra apresada en el cuerpo se enlaza con el sufrimiento “del alma”.

Respecto al hipnotismo y la sugestión daremos un pequeño rodeo contextual, a fin de hacer una suerte de mirada retrospectiva desde el relato de la vivencia en occidente moderno de los efectos sugestivos e hipnóticos. Respecto a ambos fenómenos encontramos a uno de sus exponentes más notorios en la controvertida figura de Mesmer, conocido por su teoría del magnetismo animal y por el revuelo que causó en las ciudades de París y Viena, sedes protagónicas de lo que más adelante serán los estudios científicos que darán origen al psicoanálisis, Mesmer un siglo antes removió la vida burguesa a través de sus peculiares métodos: “Durante unos cinco años, en su alojamiento de la calle Montmartre transformado en clínica, recibía innumerables pacientes de todas las clases sociales, a quienes sometía a un tratamiento que se desarrolla como un ceremonial mágico. En la semipenumbra de un local con las ventanas veladas por cortinas y adornado con símbolos, los enfermos se agrupaban en silencio en torno a una especie de fuente llamada artesa de la salud; de una habitación próxima llegaban los acordes de un clavecín o de una armónica tocados por el propio Mesmer, después el maestro entraba con paso lento, envuelto como mago hindú, en una larga túnica de seda lila y con una vara en la mano. El maestro preguntaba en voz baja a los pacientes sobre su mal, les pasaba la vara por el cuerpo, hundiendo su mirada en la de su interlocutor; antes de dar la señal para que se formara la “cadena “ (que utilizarán los espíritus), cada uno de los participantes debía tocar  los dedos de sus vecinos para que la “corriente magnética” se intensificara y atravesara todo el grupo. Frecuentemente se producían escenas asombrosas: los enfermos rompían la cadena y gritaban que estaban curados; otros se lanzaban a los pies del maestro y le besaban las manos, otros le suplicaban que aumentara la corriente o que les diera nuevos pases. Algunas veces también explotaban delirios colectivos; los enfermos rodaban por el suelo, los ojos desorbitados, mientras que otros riendo, sollozando, gimiendo, se ponían a danzar o por el contrario se sumergían en un sueño letárgico. Aquellos cuyas crisis llegaban a un paroxismo insoportable, eran transportados a una pieza contigua con muros acojinados; a la “sala de crisis” que prevée la teoría.” (Mueller, 1997, p.256) Este ejemplo contextualiza en el terreno de occidente moderno (finales del siglo XVIII) el tipo de prácticas que en la mayoría de las tradiciones antiguas (o no occidentales) se han utilizado para tratar perturbaciones espirituales, Mesmer intenta dotar a su práctica de fundamento teórico (siendo él médico)  elaborando la teoría del magnetismo animal. Su método al volverse famoso llegó a oídos de Luis XVI quien exigió comprobaciones de la práctica mesmeriana, un comité de científicos muy respetados participó de la experiencia y en conjunto escribieron un informe en el cual relegaron al esoterismo las prácticas de Mesmer. Mueller (1997) de todas manéras señala algo importante en torno a la historia de Mesmer “Al atribuir a la imaginación los éxitos de Mesmer, los autores del informe mostraban qué lejos estaba todavía el espíritu científico de comprender estos fenómenos (histeria, hipnosis, sugestión), cuyo estudio será la gloria científica de Charcot en París, de Bernheim y Liébault en Nancy, antes de llegar a la revolución psicoanalítica” (Mueller, 1967,p.257) Mueller ve en esta figura de Mesmer un preámbulo de los debates del siglo XIX en la escena psiquiátrica.

Durante aquellos años en que Freud comienza sus investigaciones en lo que posteriormente será el método catártico, participa como estudiante y observador de la escena médica de esos días, este periodo comprende la década de 1880, Freud se hace parte más activamente de los debates que se daban en aquellos años en torno a las teorías médicas que comienzan a idear posibilidades de levantar una psicoterapia fundamentada en los principios de la ciencia. Su principal referencia en aquellos años fue el neurólogo francés Jean-Martin Charcot, a quien conoció en Francia durante los años  en que estudió en la Salpetriere, también conoció las propuestas de la Escuela de Nancy: “Lo impresionó en particular el curioso fenómeno de las sugestiones llamadas post-hipnóticas, es decir, de la realización, por parte de un individuo, en estado de vigilia, de un acto que se le sugirió en el sueño hipnótico, a propósito del cual, por absurdo que sea, su autor revela preocupación por explicarlo, trata de atribuirle una motivación consciente, como si hubiese sido desencadenado por su cuenta” (Mueller, 1997,p.380). Freud llegó a conocimiento de la obra Hippolyte Bernheim, a quién tradujo al alemán y prologó su obra De la suggestion et de ses applications a la thérapeutique en 1889, de ésta Freud comenta: “El logro de Bernheim (y de sus colegas de Nancy, que trabajan en el mismo sentido que él) consiste, justamente, en despojar las manifestaciones del hipnotismo de su rareza, anudándolas a consabidos fenómenos de la vida psicológica normal y del dormir. “(1889, p.81) Los elementos importantes que podemos destacar a nivel histórico de esta inspiradora época, es que 1) los fenómenos de la vida psíquica anormal estaban convirtiéndose en objeto de indagación científica, 2) el enfoque médico estaba buscando avanzar más allá de la mera depuración de las categorías nosográficas ensayando ideas para una terapéutica 3) Se estaba comenzando a pasar de un enfoque de la localización anatómica a un enfoque comprensivo de las funciones psíquicas. En paralelo a las investigaciones de la Escuela de Nancy, el doctor Charcot, utilizó el hipnotismo como método de investigación con el objeto de poder establecer distinciones en las categorías clínicas, señalando la familiaridad entre los estados hipnóticos y las formaciones patológicas de la histeria. En Bernheim aparecería otra propuesta que apuntaría a poder construir una psicoterapia, el pasaje sería para este enfoque servirse de la hipnosis y la sugestión para introducir efectos en la vida psíquica del paciente.

Durante esa década Freud se familiarizó con estos métodos, nos entrega una primera definición acerca de lo que entiende por sugestión: “Por ella se entiende, ciertamente, una variedad del influjo psíquico, y yo diría que la sugestión se singulariza frente a otras modalidades del influjo psíquico —la orden, la comunicación o enseñanza, y otras— por ser despertada a raíz de ella, en un segundo cerebro, una representación cuyo origen no se somete a examen, sino que se acoge como si se hubiera generado espontáneamente en ese cerebro.” (1888, p.88)

Después de intentos insatisfactorios de operar bajo los métodos de la hipnosis se inclina por probar los efectos de los métodos sugestivos, sin embargo éstas técnicas levantaron en Freud una desconfianza en tres dimensiones: a nivel teórico, se rehusaba a aceptar un concepto como la sugestión que no lograba explicar los procesos mismos en los cuales inciden, por otra parte, sus efectos misteriosos empujaron a Freud a buscar profundizar más en la esencia de la sugestión con el objeto de comprender esta particular forma de relación y cómo ésta producía efectos terapéuticos. A estos reparos teóricos se suman reparos técnicos: la poca duración de las mejoras y la parcialidad de sus efectos, por último en la dimensión ética Freud pudo ver un cierto uso autoritario de la figura del médico en el paciente. Freud se vió frente la necesidad de elaborar un más allá de la sugestión: a este más allá Freud le llamó transferencia. Uno de los puntos claves que urgen a Freud a elaborar el concepto de transferencia tiene directa relación con el concepto de resistencia, es decir, todas esas manifestaciones defensivas y no-manifestaciones del sujeto en tanto habla o calla el inconsciente, que impiden la asociación y estancan el proceso analítico o que trazan rodeos defensivos, frente a esta situación Freud pudo vislumbrar, que uno de los factores asociados a la resistencia, y quizás su causa eficiente, es que el inconsciente en análisis nunca habla a un vacío total, sino que la palabra fluye hacia alguien, hay alguien que escucha, ese alguien por más que procure figurar un ideal de neutralidad no puede evitar que su presencia cause efectos en el analizante y en efecto, no es tampoco pretensión del análisis borrar ese encuentro humano o simular un vacío, ese sujeto que escucha y busca hacer hablar/escuchar es condición necesaria del psicoanálisis, su presencia y sus efectos son tanto aquello que provocará por momentos el freno de la palabra como aquello que en otros tiempos lógicos permitirá ir más allá del discurso del yo y sus espejismos, ya en Estudios sobre la histeria de 1895 Freud se refiere de manera enigmática a los fenómenos transferenciales sin definirlos, ésta constituye: “(…) una circunstancia que en la realización de tal análisis catártico desempeña un papel indeseadamente importante.” Freud seguirá durante toda su obra poniendo el acento en lo “indeseadamente importante” de la transferencia. Sólo entendemos esta afirmación poniendo atención a su contexto, en ese periodo, Freud intenta elaborar un método objetivo que apunte directamente a la abreacción de los contenidos inconscientes, no era el objetivo inicial de Freud enfocar su método en la relación médico-paciente sino escarbar en las reminiscencias que causaban efectos patógenos y darles libre descarga, en ese contexto no le pareció grato descubrir que ese proceso de “hacer consciente lo inconsciente” estaba lejos de ser transparente y que su odisea estaba lejos de ser un proceso mecánico: el factor relacional distorsionaba todo el proceder terapéutico que en consecuencia complicaba las cosas más aún. Sin embargo Freud pudo detectar que era una dimensión ineludible del análisis, siempre que se quería ir más allá de los resultados superficiales en la cura. Para introducir el concepto más claramente señalaremos algunas elaboraciones de “La dinámica de la transferencia”, en ese texto Freud señala: “todo ser humano, por efecto conjugado de sus disposiciones innatas y de los influjos que recibe en su infancia, adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de su vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse.” (1912, p.97) En estas elaboraciones Freud por una parte le asigna un horizonte más amplio que la existencia más reconocida dentro de la dinámica analítica: señala la universalidad del fenómeno de la transferencia. Por otra parte Freud sugiere más adelante, que si bien, estos influjos tempranos dejan marcas profundas en el psiquismo inconsciente, las experiencias recientes no le son indiferentes, se piensa de ese modo la transferencia como una constante reactualización en un sujeto de las impresiones relacionales depositadas en las experiencias más primigenias. Para pensar la dimensión de reactualización en la técnica misma, Freud señala en su célebre texto “Recordar, Repetir, Reelaborar” de 1914 que: “Con la nueva técnica, el curso de los análisis se hace mucho más complicado y trabajoso (…) pero lo general  es que las dificultades surjan desde el principio. Ateniéndonos a este último tipo, para caracterizar la diferencia, podemos decir que el analizado no recuerda nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo, sino como acto; lo repite, sin saber, naturalmente, que lo repite.” Para acentuar la ligazón repetición-transferencia Freud señala “la transferencia no es por sí misma más que una repetición y la repetición, la transferencia del pretérito olvidado” (1914, p.168) La represión u “olvido” de ciertos recuerdos u vivencias por parte de los individuos causa síntomas y malestar. Freud plantea que estos recuerdos nunca fueron realmente “olvidados”, sino que más bien estos serían  “retenidos”, es decir, fueron apartados de la conciencia pero nunca realmente fueron verdaderamente olvidados. Cuando los pacientes frente a una interpretación pueden al acceder a ciertos aspectos que le estaban ocultos de si mismos expresan ideas como “Eso ya lo sabía , pero jamás lo había visto de esa forma”, esta sería una forma de olvido “simbólico”. Existe también otra forma de olvido la cual se relacionaría más con aquellos elementos, fantasías que nunca fueron “olvidados” ya que nunca fueron conscientes para la persona. Este “olvido” se vincularía más con la “Repetición” , ya que aquí el olvido como plantea Freud se limita a destruir conexiones, suprimir relaciones causales y aislar recuerdos enlazados entre sí. (1914, p.169). Esta característica es la que demuestra que los pacientes en algunos casos no llegan a recordar nada de lo que ya “olvidaron” sino que lo viven de nuevo, No lo reproduce como recuerdo, sino como acto. (1914, p 169.), es decir, este lo repite estos actos pero sin ser consciente de ello, entonces la repetición se opondría al recordar.  Por otra parte Freud ya es cauto respecto de la transferencia, en el texto Sobre la dinámica de la transferencia (1912) señala la naturaleza paradójica y compleja de la transferencia: “sigue constituyendo un enigma por qué en el análisis la transferencia nos sale al paso como la más fuerte resistencia al tratamiento siendo que, fuera del análisis, debe ser reconocida como portadora del efecto salutífero, como condición de éxito” (p.99) Respecto a la dimensión dificultosa de la transferencia, en el texto “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia” de 1915 Freud describe esta relación como un intenso vínculo afectivo, y comunica que en análisis,  la transferencia puede llegar a proporciones dramáticas, involucrando lo más profundo de esos clichés “estructurales” de la prehistoria amorosa del sujeto, que retoman actualidad, es decir, repiten en la persona del analista, Freud detecta la potencia incontenible de los fenómenos transferenciales, que pueden oscilar tanto desde sentimientos tiernos excesivos hacia la persona del analista, como a afectos agresivos contra su persona, pasando entre medio por todo el espectro de las mociones pulsionales reactualizadas en la situación analítica. En el caso de enamoramiento de transferencia Freud hace un llamado a la prudencia, frente a los efectos imaginarios de la transferencia “Tiene que discernir que el enamoramiento  de la paciente le ha sido impuesto por la situación analítica y no se puede atribuir, digamos, a las excelencias de su persona; que, por tanto, no hay razón para que se enorgullezca de semejante “conquista”, como se llamaría fuera del análisis” (Freud,1915, p.164) Esta advertencia señalada por Freud tendría probablemente su observación de los efectos desestabilizantes en análisis de la ilusión de amor. Se podría elucubrar que ésta prudencia se derivaría más específicamente de la experiencia del caso de Anna O. y el doctor Breuer, este caso lleva a Freud a considerar con suma seriedad la transferencia como un concepto que requiere un lugar de centralidad en la teoría y práctica analítica. Como conclusión, conviene decir que el análisis estará basado no solo en el reconocimiento de los efectos sugestivos producidos en el analizando, sino también en los efectos que producen en quien analiza, y así poder operar sobre ellos. Otro punto que considera importante Freud con respecto a la sugestión en el analista, es el uso que se le da al diván, en tanto objeto que permite abstraerse de la mirada del paciente, y con esto aislar la transferencia de las asociaciones del analizando, lo cual a su vez, hace que estas sean la fuente del trabajo analítico (Mordoh, 2005). Para dicho encuentro , es preciso que el propio analista no quede capturado en el efecto sugestivo provocado por el paciente (Mordoh, 2005) tal como señala Freud respecto al amor de transferencia. De acuerdo a lo anterior, y considerando la presencia del analista como un objeto sobre el cual se actualizan los deseos inconscientes, es que la lectura de la transferencia permite que haya un límite a la sugestión, ya que el paciente, al despertar de su discurso y  encontrarse con lo real, puede vivir un primer encuentro con aquellos significantes ideales a los cuales se encuentra identificado y que de alguna forma comandan su vida (Mordoh, 2005).

Entonces la repetición le “otorga” a la situación de transferencia  una posición de suma importancia, convierte al terapeuta en el espejo de las identificaciones del paciente, lo que significa que dentro de la relación transferencial es posible tomar la repetición y la transferencia misma como objeto de indagación, superar la dimensión ilusoria de la sugestión, “tomar a la bestia por sus cuernos”, de modo que en esta lectura de lo inconsciente como vivencia es el momento clave desde donde se podrá descifrar el sufrimiento del paciente, es a través de éstas experiencias como se puede hacer posible el análisis mismo.

Por Diego Bravo, Felipe Silva y Felipe Maturana

Referencias

Freud, S. (1888/1998) Prólogo a la traducción de H. Bernheim, De la suggestion. Obras completas, volumen I.

Freud, S. (1890/1998) Tratamiento psíquico (tratamiento del alma) Obras completas, volumen I.

Freud, S. (1912/1988). Sobre la dinámica de la transferencia. Obras Completas Sigmund Freud: Vol. 12. Strachey, J. (Ed.), Etcheverry, J. L. (Trad.), Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1915/1988). Puntualizaciones sobre el amor de trasferencia (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, III). Obras Completas Sigmund Freud: Vol. 12. Strachey, J. (Ed.), Etcheverry, J. L. (Trad.), Buenos Aires: Amorrortu.

Lacan, J. (1954/1981). El Seminario de Lacan, Libro 1. Los Escritos técnicos de Freud: 1953-1954. Barcelona: Paidós.

Mueller, F.L. (1967/1997) Historia de la psicología. Editorial: Fondo de Cultura económica.

Mordoh, E., Gurevicz, M., Thompson, S., Mattera, S., Fridman, A-, y Lombardi, G. (2005). El anàlisis de la sugestiòn en psicoanàlisis. Volumen XIII. Facultad de Psicologìa. Universidad de Buenos Aires.

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